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Fragmentos de "Sólo quedan estas tres" - Pamela Aidan

—Las comparaciones son un asunto difícil, coronel Fitzwilliam. ¿Cómo podría comparar Kent con Hertfordshire? ¿En lo referente a su geografía, a las grandes propiedades, al esplendor de sus paisajes o a la cantidad de aldeas pintorescas? ¿O tal vez lo que usted quiere que yo compare es la caza? —Ah, ahí estaba la Elizabeth que Darcy buscaba, esos ojos brillantes y juguetones. ¡Pero el hecho de que esos ojos brillaran así para su primo le pareció intolerable!
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¡Por Dios, esas palabras todavía lo herían como si fueran un cuchillo! Para ella, él era el último hombre; para él, ella parecía ser la única mujer. ¿Acaso el destino podría haber ideado una ironía más perfecta, o hacerlo sentir más ridículo?
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—Su nombre es Elizabeth —comenzó a decir, mirando más allá del hombro de Dy para conservar aunque fuera algún retazo de algo parecido a la dignidad—, y yo soy el último hombre en la tierra con el que podría casarse.
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El orgullo no era un defecto, le había dicho a Elizabeth con arrogancia, cuando estaba bajo el dominio de una inteligencia superior. ¡Por Dios, qué petulancia!
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Aunque había intentado protegerse con una coraza de acero, Darcy no pudo evitar que su corazón palpitara apresuradamente al ver cómo se encontraban por primera vez en la vida las dos personas que más quería en el mundo.

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