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Fragmentos Nacidos de la Bruma 3: El Héroe de las Eras (Brandon Sanderson)

El antiguo Elend era un hombre a quien muchos ignoraban fácilmente: un genio que tenía ideas maravillosas, pero poca habilidad para el liderazgo. Con todo, ella echaba en falta algo de todo aquello. El sencillo idealismo. Elend seguía siendo un optimista, y seguía siendo un estudioso, pero ambos atributos parecían atemperados por lo que había tenido que soportar.
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—¡Oh, venga ya! Tienes que admitir que no eres corriente, Vin. Eres una extraña mezcla de noble, pícara callejera y gata. Además, en nuestros tres breves años juntos, has conseguido matar no sólo a mi dios, sino a mi padre, mi hermano y mi prometida. Es como una especie de saña homicida. Una extraña base para nuestra relación, ¿no?
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—¿Puedes reunir a diez hombres? —preguntó—. ¿Amigos tuyos, dispuestos a formar parte de un trabajo nocturno? —¡Claro! Creo que sí. ¿Tiene que ver con salvar a Mailey? —¡No! —respondió Fantasma—. Tiene que ver con tu pago por salvar a Mailey.
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Suspiró, sacudiendo la cabeza. ¿Quién era él para confiar en sus propios instintos sobre las brumas y no en los de Vin? Ella tenía los instintos de toda una vida de luchar por sobrevivir. ¿Qué tenía Elend? ¿Instintos nacidos de toda una vida de bailes y fiestas?
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—Un hombre es aquello por lo que siente pasión. He descubierto que, si renuncias a lo que más quieres por lo que piensas que deberías querer más, acabarás sintiéndote inútil.
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—¿Cómo son? —preguntó—. He oído muchas historias. ¡Dicen que el emperador Venture siempre viste de blanco, y que la ceniza se niega a ensuciarlo! Puede derrotar a un ejército con sólo mirarlo. Y su esposa, la heredera del Superviviente. Nacida de la bruma...
Fantasma sonrió:
             —Elend es un estudioso olvidadizo... aún peor que Sazed. Se pierde en sus libros y se olvida de las reuniones que él mismo ha convocado. Sólo se viste más o menos a la moda porque una mujer terrisana le compró un guardarropa nuevo. La guerra lo ha cambiado algo, aunque por dentro creo que sigue siendo un soñador atrapado en un mundo con demasiada violencia.
             »Y Vin... bueno, ella sí que es distinta. Nunca he estado seguro de cómo interpretarla. A veces, parece frágil como una niña. Y luego, va y mata a un inquisidor. Puede ser fascinante y aterradora al mismo tiempo.
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—Vin, Vin. ¿Por qué no puedes verlo? Esto no es cosa del bien y del mal. La moralidad no tiene nada que ver en esto. Los hombres buenos matan con la misma rapidez que los malos por lo que quieren... sólo que lo que quieren es diferente. Vin guardó silencio.
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Era mucho más fácil para Ruina controlar a gente apasionada e impulsiva que a gente lógica con tendencia a sopesar sus acciones.
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Creamos cosas para verlas crecer, Ruina, dijo. Para sentir placer al ver que lo que amamos se vuelve más de lo que era antes. Dijiste que eras invencible, que todas las cosas se destruyen. Todas las cosas son tuyas. Pero hay cosas que luchan contra ti... y lo irónico es que ni siquiera puedes comprenderlas. Amor. Vida. Crecimiento. La vida de una persona es más que el caos de su muerte. Emoción, Ruina. Ésta es tu derrota.
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Creaste aquello que podía matarte, Ruina, dijo Vin. Y cometiste un último gran error. No deberías haber matado a Elend. Verás, él era el único motivo que yo tenía para vivir.

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