lunes, 22 de abril de 2013

Fragmentos de "La Historia Interminable" - Michael Ende

Las pasiones humanas son un misterio, y a los niños les pasa lo mismo que a los mayores. Los que se dejan llevar por ellas no pueden explicárselas, y los que no las han vivido no pueden comprenderlas. Hay hombres que se juegan la vida para subir a una montaña. Nadie, ni siquiera ellos, pueden explicar realmente por qué. Otros se arruinan para conquistar el corazón de una persona que no quiere saber nada de ellos. Otros se destruyen a sí mismos por no saber resistir los placeres de la mesa...o de la botella. Algunos pierden cuanto tienen para ganar en un juego de azar, o lo sacrifican todo a una idea fija que jamás podrá realizarse. Unos cuantos creen que sólo serán felices en algún lugar distinto, y recorren el mundo durante toda su vida. Y unos pocos no descansan hasta que consiguen ser poderosos. En resumen: hay tantas pasiones distintas como hombres distintos hay. La pasión de Bastián Baltasar Bux eran los libros.

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Comprendía ahora que no sólo Fantasia estaba enferma, sino también el mundo de los seres humanos. Una cosa tenía que ver con la otra. En realidad siempre lo había sentido así, sin poder explicarse por qué. Nunca había querido aceptar que la vida fuera tan gris e indiferente, tan sin secretos ni maravillas como pretendían las personas que decían: ¡la vida es así!

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Quien no haya pasado tardes enteras delante de un libro, con las orejas ardiéndole y el pelo caído por la cara, leyendo y leyendo, olvidado del mundo y sin darse cuenta de que tenía hambre o se estaba quedando helado... Quien nunca haya leído en secreto a la luz de una linterna, bajo la manta, porque Papá o Mamá o alguna otra persona solícita le ha apagado la luz con el argumento bien intencionado de que tiene que dormir, porque mañana hay que levantarse tempranito... Quien nunca haya llorado abierta o disimuladamente lágrimas amargas, porque una historia maravillosa acaba y había que decir adiós a personajes con los que había corrido tantas aventuras, a los que quería y admiraba, por los que había temido y rezado, y sin cuya compañía la vida le parecería vacía y sin sentido...Quien no conozca todo eso por propia experiencia, no podrá comprender probablemente lo que Bástian hizo entonces.

lunes, 18 de marzo de 2013

Frase de película: Rock Mari

"La felicidad no luce igual para todos, 
tal vez mi felicidad nada más 
no es tu estilo de felicidad"

lunes, 21 de enero de 2013

Fragmentos de El Camino de los Reyes - Brandon Sanderson

Kaladin lo vio marchar, luego se maldijo a sí mismo. —¿Qué ha pasado? —dijo la vientospren, acercándose a él, la cabeza ladeada. —Casi me cae bien —dijo Kaladin, apoyando de nuevo la cabeza contra la jaula. —Pero..., después de lo que hizo... Kaladin se encogió de hombros. —No he dicho que no sea un hijo de puta. Solo es un hijo de puta simpático —vaciló. Luego hizo una mueca—. Esos son los peores. Cuando los matas, acabas sintiéndote culpable por ello.
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Hizo a un lado la página. Algunos hombres coleccionaban trofeos. Otros coleccionaban armas o escudos. Muchos coleccionaban esferas. Shallan coleccionaba personas. Personas, y criaturas interesantes. Tal vez era debido a que había pasado gran parte de su juventud en una prisión virtual. Había desarrollado la costumbre de memorizar rostros, y de dibujarlos más tarde, después de que su padre la descubriera haciendo bocetos de los jardineros. ¿Su hija? ¿Haciendo dibujos de ojos oscuros? Se enfureció con ella: uno de los pocos momentos en que dirigió su famoso temperamento contra su hija. Después de eso, ella hizo dibujos de personas solo en privado, usando en cambio los momentos libres para esbozar los insectos, crustáceos y plantas de los jardines de la mansión. A su padre no le importó esto (la zoología y la botánica eran actividades femeninas adecuadas), y eso la animó a elegir la historia natural como Llamada.
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Pero cada uno de nosotros es muchas personas diferentes, y se puede saber mucho de una persona por lo que lleva consigo. Si ese cuaderno es alguna indicación, buscas el saber en tu tiempo libre por su propio bien. Eso es positivo. Es, quizás, el mejor argumento que podías hacer a tu favor.
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Eso era extraño. Por algún motivo, el Puente Cuatro siempre parecía ser el objetivo. Kaladin no se molestaba en aprender los nombres de sus compañeros. Ninguno de los hombres del puente lo hacía. ¿Qué sentido tenía? Aprende el nombre de un hombre, y uno de los dos estará muerto antes de que pase una semana. Las probabilidades eran que los dos estaríais muertos. Tal vez debería aprenderse los nombres. Así tendría a alguien con quien hablar en Condenación. Podrían recordar lo terrible que fue el Puente Cuatro, y coincidir con que los fuegos eternos eran mucho más agradables.
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—«Comprendí en un momento de quietud —leyó Litima—. Las llamas de aquellas velas eran como las vidas de los hombres. Tan frágiles. Tan letales. Si no se las molestaba, iluminaban y daban calor. Si se las dejaba a sus anchas, destruirían las mismas cosas que debían iluminar. Hogueras en embrión, cada una portando una semilla de destrucción tan potente que podía arrasar ciudades y hacer caer de rodillas a los reyes. En años posteriores, mi mente regresaría a aquella noche tranquila y silenciosa, cuando contemplé las filas de seres vivos. Y comprendí. Que te ofrezcan lealtad es como ser infundido como una gema, obtener la temible licencia para destruir no solo tu propia entidad, sino la de todo lo que está a tu cargo.»
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—Cuando leo esos libros, la sabiduría y la ignorancia me parecen muy similares —dijo Shallan—. La ignorancia puede residir en un hombre que se esconde de la inteligencia, pero la sabiduría puede ser ignorancia escondida detrás de la inteligencia. —¿Y qué hay de la inteligencia sin ignorancia? ¿De buscar la verdad sin rechazar la posibilidad de estar equivocado? —Un tesoro mitológico, brillante, como las Esquirlas del Amanecer o las Espadas de Honor. Merece la pena buscarlos, pero solo con gran cautela. —¿Cautela? —dijo Jasnah, frunciendo el ceño. —Encontrarlos te haría famosa, pero nos destruiría a todos. ¿Prueba de que se puede ser a la vez inteligente y aceptar la inteligencia de aquellos que están en desacuerdo contigo? Bueno, yo creo que eso minaría por completo al mundo erudito.
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Demasiados eruditos piensan que la investigación es solo una búsqueda cerebral. Si no hacemos nada con el conocimiento que obtenemos, entonces hemos desperdiciado nuestros estudios. Los libros pueden almacenar información mejor que nosotros..., lo que nosotros hacemos, y los libros no pueden, es interpretar. Así que si no se van a extraer conclusiones, bien puedes dejar la información en los textos.
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—Te encuentras en un lugar interesante en tu vida, Shallan —dijo Jasnah, flexionando la mano—. Eres lo bastante mayor para inquietarte, preguntar, rechazar lo que se te presenta simplemente porque sí. Pero también te aferras al idealismo de la juventud. Consideras que tiene que haber una Verdad única que lo defina todo..., y piensas que, cuando la encuentres, todo lo que una vez te confundió tendrá de pronto sentido.
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—¿Entonces por qué luchar? Me dije a mí mismo que lo intentaría una última vez. Pero fracasé antes de empezar. No se les puede salvar. —¿La lucha en sí misma no significa nada? —No si estás destinado a morir —agachó la cabeza. Las palabras de Sigzil resonaban en su mente. «Vida antes que muerte. Fuerza antes que debilidad. Viaje antes que destino.» Kaladin miró la rendija de cielo. Como un río lejano de agua pura y azul. Vida antes que muerte. ¿Qué significaba el dicho? ¿Que los hombres deberían buscar la vida antes que buscar la muerte? Eso era obvio. ¿O significaba otra cosa? ¿Que la vida venía antes que la muerte? Una vez más, obvio. Y sin embargo las palabras sencillas le hablaban. La muerte viene, susurraban. La muerte les viene a todos. Pero la vida viene primero. Saboréala.
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«Voy a fallarles —pensó, cerrando los ojos—. ¿Por qué intentarlo?» ¿No era un necio por querer resistir como lo hacía? Si tan solo pudiera ganar una vez... Eso sería suficiente. Mientras pudiera creer que era capaz de ayudar a alguien, mientras creyera que algunos caminos conducían a lugares distintos de la oscuridad, podía sentir esperanza.
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—Estoy cansado de cocinar —continuó Ashir. Tenía una voz suave y amable. Ella lo amaba por eso. En parte porque a él le gustaba hablar, y si ibas a tener a alguien hablándote mientras intentabas pensar, bien podía tener una voz suave y amable.
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—¿Por qué no nos cuentas una historia? —dijo Mapas, soltando su carga —. Nos ayudará a pasar el tiempo. —No soy ningún bufón ni un cuentacuentos —dijo Sigzil, arrancando una bota—. No «cuento historias». Difundo conocimiento de culturas, pueblos, pensamientos y sueños. Traigo la paz a través de la comprensión. Es la sagrada carga que mi orden recibió de los mismísimos Heraldos.
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»Y, por tanto, ¿importa el destino? ¿O es el camino que emprendemos? Declaro que ningún logro tiene tan gran sustancia como el camino empleado para conseguirlo. No somos criaturas de destinos. Es el viaje el que nos da la forma. Nuestros pies encallecidos, nuestras espaldas fortalecidas por cargar el peso de nuestros viajes, nuestros ojos abiertos con el fresco deleite de las experiencias vividas.
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«El sol se acerca al horizonte. Viene la Tormenta Eterna. La Auténtica Desolación. La Noche de las Penas...»
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—¡La muerte es el final de todos los hombres! —gritó Dalinar—. ¿Cuál es su medida cuando ya no está? ¿Las riquezas que acumuló y dejó para que se pelearan sus herederos? ¿La gloria que obtuvo, sólo para pasarla a aquellos que lo mataron? ¿Las elevadas posiciones que obtuvo por casualidad? »No. Luchamos aquí porque comprendemos. El final es el mismo. Es el camino lo que separa a los hombres. Cuando saboreemos ese final, lo haremos con la cabeza bien alta, los ojos al sol.
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—Tenemos que regresar —dijo Kaladin en voz baja—. Tormentas, tenemos que regresar. Se volvió hacia los hombres del Puente Cuatro. Uno a uno, asintieron. Hombres que habían sido los despojos del ejército apenas unos meses antes, hombres que solo se preocupaban por su propia piel, inspiraron profundamente, hicieron a un lado cualquier idea sobre su seguridad y asintieron. Lo seguirían.

sábado, 12 de enero de 2013

Fragmento (perversa canción) Las Brujas - Roald Dahl

¡A los niños hay que destrruirr,
herrvirr sus huesos y su piel jrreírrl
¡Desmenuzadlos y trriturradiós,
estrrugadlos y machacadlos! 
Con polvos maguicos dadles bombones,
decidles «come» a los muy glotones. 
Llenadles bien de dulces prringosos
y de pasteles empalagosos. 
Al día siguiente, tontos, tontuelas, 
irrán los niños a sus escuelas. 
Se pone rroga cual amapola 
una niñita: «¡Me sale cola!». 
Un niño pone carra de lelo 
Y grrita: «¡Auxilio, me sale pelo!». 
Y otrro berrea al poco rrato: 
«¡Tengo bigotes como de gato!». 
Un niño alto dice guimiendo: 
«¡Cielos, ¿qué pasa?, estoy encoguiendo!». 
Todos los niños y las niñitas 
en vez de brrasos tienen patitas, 
y de rrepente, en un instante, 
sólo hay rratones, ningún infante. 
En los coleguios sólo hay rratones 
corrreteando por los rrincones. 
Enloquecidos, los prrofesorres 
grritan: «¿Por qué hay tantos rroedorres?». 
A los pupitrres suben ansiosos 
y chillan: «¡Fuerra, bichos odiosos!». 
«¡Que alguien traiga una rratonerra!». 
«¡Trraed el queso de la queserra!». 
Las rratonerras tienen un muelle fuerrte 
que salta y que suena a muerrte, 
y su sonido es tan musical... 
¡Es una música celestial! 
Rratones muerrtos porr todas parrte 
grracias a nuestrras perrverrsas arrtes. 
Los prrofes buscan con grran carriño, 
perro no encuentrran un solo niño. 
Grritan a corrro: «¿Adonde han ido 
todos los niños, qué ha sucedido?». 
«Es en verdad un extraño caso, 
¿dónde se ha visto tanto rretrraso?». 
Los prrofes ya no saben qué hacerr, 
algunos se sientan a leerr, 
y otros echan a la basurra
 a los rratones con grran prremurra 
¡MIENTRRAS LAS BRUGAS GRRITAMOS HURRRA¡
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sábado, 8 de diciembre de 2012

Fragmentos de Harry Potter y la Cámara Secreta


—Harry, Harry, Harry —dijo Lockhart, cogiéndole por el hombro—. Lo comprendo. Es natural querer probar un poco más una vez que uno le ha cogido el gusto. Y me avergüenzo de mí mismo por habértelo hecho probar, porque es lógico que se te subiera a la cabeza. Pero mira, muchacho, no puedes ir volando en coche para convertirte en noticia. Tienes que tomártelo con calma, ¿de acuerdo?
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—¿Creéis que tendría que haberles hablado de la voz que oí? —No —dijo Ron sin dudar—. Oír voces que nadie puede oír no es buena señal, ni siquiera en el mundo de los magos.
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—¿Me quieres decir qué hay de malo en impedir que una serpiente grande y asquerosa arranque a Justin la cabeza de un mordisco? —preguntó—. ¿Qué importa cómo lo hice si evité que Justin tuviera que ingresar en el Club de Cazadores Sin Cabeza? —Sí importa —dijo Hermione, hablando por fin, en un susurro—, porque Salazar Slytherin era famoso por su capacidad de hablar con las serpientes. Por eso el símbolo de la casa de Slytherin es una serpiente.
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No estaba solo. Sobre una percha dorada detrás de la puerta, había un pájaro de aspecto decrépito que parecía un pavo medio desplumado. Harry lo miró, y el pájaro le devolvió una mirada torva, emitiendo de nuevo su particular ruido. Parecía muy enfermo. Tenía los ojos apagados y, mientras Harry lo miraba, se le cayeron otras dos plumas de la cola. Estaba pensando en que lo único que le faltaba es que el pájaro de Dumbledore se muriera mientras estaba con él a solas en el despacho, cuando el pájaro comenzó a arder.
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Se quedaron en silencio. Tras una pausa prolongada, Hermione tuvo una idea elemental. —¿Por qué no vamos y le preguntamos a Hagrid? —Sería una visita muy cortés —dijo Ron—. Hola, Hagrid, dinos, ¿has estado últimamente dejando en libertad por el castillo a una cosa furiosa y peluda?
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—Pero ¿por qué habrá tenido que irse a la biblioteca? —Porque eso es lo que Hermione hace siempre —contestó Ron, encogiéndose de hombros—. Cuando le entra alguna duda, ¡a la biblioteca!

Fragmentos de: Operación Jesucristo! (Og Mandino)


—¡El desconocido misterioso! Leí esa obra hace mucho tiempo. ¿Acaso Twain no escribió que todo es un sueño: Dios, el hombre, el mundo, el Sol, y que nada existe, excepto cierto espacio vacío, y que nosotros no somos otra cosa que pensamientos?
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—No lo sé —respondió el discípulo, encogiéndose de hombros—. Solamente vivo un día a la vez. Jesús nos dijo que no debíamos pensar en el mañana, ya que el mañana se hará cargo de las cosas por sí solo. Basta con el mal que se vive en un día.
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Su aplomo y sus modales me sorprendían. A pesar de todas mis observaciones impertinentes y de mis pullas, estaba dispuesto a recibir más. ¿Eran todos los demás como Mateo y el hermano de Jesús; estaban tan acostumbrados a la mofa, al vejamen y al ridículo, que la adversidad se había convertido en una forma de vida que solamente podían soportar volviendo la otra mejilla con una sonrisa? ¿Era genuina su ecuanimidad, o era solamente un escudo que llevaban para protegerse de las hondas y las flechas de sus enemigos más encarnizados? ¿O, en realidad, no hacían otra cosa sino practicar lo que predicaban; destruían a sus enemigos amándolos hasta que se convertían en amigos?
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—Me sorprendes, Matías. Como creador de historias de misterio, de seguro debes comprender que un espía que se parece a la imagen que todos tienen de él, es un fracaso.
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—Un verdadero milagro no es un truco de magia que cualquiera puede aprender. Es una demostración del poder ilimitado de Dios, y normalmente va en contra de las leyes de la naturaleza, tal y como nosotros las conocemos. Un milagro es una expresión de la voluntad y los propósitos de Dios y, cuando somos testigos de uno, nos ofrece una fe renovada de que siempre está con nosotros. —De acuerdo con esa definición, ¿Jesús sí hizo milagros? —Los milagros fueron forjados por Jesús —me corrigió Pedro—, pero el poder para hacerlos procedía de Dios. —¿De tu Dios o del mío? —Romanos o judíos, Matías, ¡hay un solo Dios!
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Aun así, algo me molestaba, pero no podía acertar qué era. ¿Qué cosa se me olvidaba? El rompecabezas estaba casi completo y la imagen era clara, pero faltaba una pieza que estropeaba el cuadro final. ¿Quién la tenía, y en dónde podría encontrarla?
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—Muchos de nosotros tenemos que caer primero en los pozos más sombríos de la desesperación antes de aprender a apreciar la visión de una sola estrella en el firmamento.
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—Habías olvidado todas esas cosas que, seguramente, aprendiste de tu madre cuando te leía por las noches: que ni siquiera un gorrión puede caer al suelo sin que Dios lo observe y que aun los cabellos mismos que hay en tu cabeza han sido numerados por Él, tal y como Jesús nos lo dijo.
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El amor es el mayor presente de Dios; es la chispa divina que por doquiera produce y restaura la vida. Para todos y cada uno de nosotros el amor nos da la fuerza, como sucedió en tu caso, Matías, para obrar milagros con nuestra propia vida y con las de aquellos que nos rodean.

Fragmentos de Esta Noche Dime Que Me Quieres (Federico Moccia)


>—Quizá te estuvieras cansando de la felicidad. Cuando vuelvas a encontrarla, sabrás apreciarla.
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Gregorio mantenía una excelente relación con Tancredi. Su padre lo había llamado cuando él era muy pequeño para que fuera su tutor, su guardaespaldas, su chófer... pero también, en cierto modo, para que ocupara su lugar.
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—Hay el mismo número de personas buenas que de malas. Pero los buenos a veces se olvidan de las cosas en las que creían.
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Había perdido la cuenta de las propiedades, empresas, coches, aviones, barcos o inmuebles que poseía. Sólo sabía que también tenía una isla y que no había querido comprar otra por miedo a confundirlas.
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¿Y si ella fuera distinta por completo? ¿Cuántas veces nos hace soñar una imagen, se convierte en la posibilidad de realizar todos nuestros deseos, pero al final la realidad resulta ser muy distinta? La vida es una serie de sueños que acaban mal, es como una estrella fugaz que cumple los deseos de otra persona.
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—¿Lo ves? Tú buscas otra cosa en mis palabras, tal vez una insinuación. Sin embargo, yo simplemente quería decir lo que he dicho. La belleza está a nuestro alrededor. A veces estamos ciegos.
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Un mundo nuevo. Creo que cada vez que una persona conoce a otra se abren nuevos caminos... Quién sabe qué pasará ahora.
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La vida es como un gran rompecabezas incompleto.
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«Lo bonito de algunos dependientes —pensó Sofía— es que te cuentan su filosofía.» 
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Le sonrió y se fue sin más, con los pantalones algo caídos. Aquel muchacho era una extraña mezcla entre rapero y hacker obligado por sus padres a enfrentarse con Chopin.