lunes, 2 de noviembre de 2015

Fragmentos de: La caída de los gigantes de Ken Follet


— Dice que Alemania ha invadido Bélgica a las ocho en punto de esta mañana. Fitz dejó el tenedor. — Entonces, ya está. — Por una vez, incluso parecía conmocionado. — ¡Pobre Bélgica, con lo pequeñita que es! Me parece que esos alemanes son unos matones de mucho cuidado — dijo tía Herm. Entonces pareció desconcertada y añadió —: Salvo herr Von Ulrich, desde luego. Él es encantador.
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Sus miradas se encontraron y, al ver su expresión, Maud supo que hasta ese momento no estuvo seguro de que ella acudiera a la cita. Aquella idea hizo que se le saltara una lágrima. Sin embargo, el rostro de Walter enseguida se iluminó con deleite. Qué extraño y maravilloso era, pensó Maud, ser capaz de provocarle tanta felicidad a otra persona.
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En ese momento, parecía que la guerra pudiera prolongarse durante un año o más tiempo. Los ejércitos enemigos permanecían sentados en sus trincheras un día tras otro, alimentándose con comida en descomposición, contrayendo disentería y pie de trinchera, llenándose de piojos y matando con desgana las ratas que merodeaban por los cuerpos amontonados en tierra de nadie de los soldados muertos. En algún momento a Fitz le había parecido muy clara la razón por la que Inglaterra debía ir a la guerra, aunque ahora ya no podía recordar el porqué.
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No sé cómo ha ocurrido exactamente, señor. Un par de kartoffel se asomaron por su parapeto, desarmados, y gritaron: «¡Feliz Navidad!», y uno de los nuestros hizo lo mismo y empezaron a acercarse unos a otros caminando y, antes de poder decir esta boca es mía, todo el mundo estaba haciendo lo mismo.
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Se suponía que las mujeres como Ursula no entendían de dinero. Gus, en cambio, sospechaba que todas sabían hasta el último centavo que poseían sus respectivos esposos y los de las demás, pero tenían que fingir ignorancia.
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— Cuánto depende de la decisión de una pequeña cantidad de personas con escasa educación … — Eso es la democracia. Gus sonrió. — Una forma espantosa de gobernar un país, pero los demás sistemas son peores.
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— ¿Cómo pueden ser los hombres tan estúpidos para ir a la guerra — le preguntó a Gus —, y para seguir luchando cuando el coste en vidas humanas hace ya mucho tiempo que empequeñeció cualquier posible ganancia?
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¿De verdad era posible que los países pudiesen solucionar sus conflictos sin necesidad de recurrir a una guerra? Aunque pudiera parecer paradójico, lo cierto es que era algo por lo que merecía la pena luchar.
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sábado, 7 de marzo de 2015

Fragmentos de: "Un niño prodigio" de Irene Nemirovsky


Luego se volvió hacia Ismael y le preguntó con cierta aspereza—: Pequeño, ¿verdad que quieres ser algún día un gran poeta, ser rico, ser un hombre ilustre? —No lo sé —murmuró Ismael. Se sentía abrumado por una inmensa angustia, por el miedo, por la rebeldía frente a aquella mujer que quería violentar su vida libre.
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Descubría en sus paseos miles de cosas que le encantaban o le sorprendían. En primer lugar, los pájaros y sus gritos diferentes. Luego la misteriosa vida de la tierra, las hormigas, los insectos, las plantas, las bayas desconocidas, ligeramente agrias y dulzonas, las flores de los bosques, las de los campos, las que brotan en la estepa, los grandes lirios negros de las riberas del río, las amapolas entre el trigo... Ahora, la menor brizna de hierba le apasionaba, le mantenía inmóvil y cautivado durante horas. Empezaba a experimentar algo que nunca antes había sentido: una sencilla alegría de vivir, sana y profunda, comparable al placer de beber el agua fría del pozo cuando tenía sed, o al de dormir al sol sobre la tierra perfumada y cálida de julio, o al de correr sin motivo alguno sobre la hierba hasta perder el aliento, mientras el viento azotaba su cabello en desorden.
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En nombre de leyes que era tan incapaz de descifrar como si estuvieran en chino, comprobó que unos condenaban lo que otros aprobaban; se extravió en el intrincado bosque de los juicios literarios; perdió completamente la cabeza. ¡Dios mío! ¿Era posible que fueran tantas las objeciones a las que había que hacer frente para escribir, tantas las exigencias múltiples y contradictorias que había que satisfacer?